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La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.
En este contexto puede afirmarse, que una persona en una situación de estrés no goza de salud y, por tanto, puede llegar a contraer una enfermedad a consecuencia de una tensión prolongada en el tiempo.
No existe una única definición aceptada por la comunidad científica del término estrés, lo cual genera imprecisiones en hallazgos investigativos en esta materia. Hay elementos comunes en la mayoría de explicaciones pero cada una de ellas arroja matices particulares que deben tenerse en cuenta.
El término “estrés” lo introduce el fisiólogo Walter Cannon para referirse a la reacción fisiológica provocada por la percepción de una situación amenazante (Carlson, 1996). Tal como lo señala Humber, todas las ramas de la ciencia están de acuerdo en señalar que el término “estrés” fue tomado inicialmente de la física como un concepto técnico o abstracto y en donde se refiere a la acción de las fuerzas físicas sobre las estructuras mecánicas (Humber, 1986).
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Hans Selye, endocrino austriaco, acuñó el concepto de estrés en 1936 siendo considerado, consecuentemente, como el padre del concepto moderno del estrés. Selye descubrió que en sus pacientes se presentaban ciertas constantes biológicas independientemente del tipo de enfermedad que sufrieran. Todos presentaban signos comunes de fatiga, malestar general, debilidad y agotamiento. Por ello, definió el estrés como la suma de cambios inespecíficos del organismo en respuesta a un estímulo o situación estimular que ejerce una presión tanto física como mental. En 1946 definió la respuesta de estrés como el Síndrome General de Adaptación, que incluye las fases de Alarma, Resistencia y Agotamiento.
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La organización Mundial de la Salud define el estrés como el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción. El estrés se considera patológico o nocivo cuando las reacciones o respuestas fisiológicas son desproporcionadas a la situación o motivación que las ha provocado o precedido.
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Por su lado, la Real Academia de la Lengua Española considera el estrés como la situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo de enfermar.
Se acepta que el estrés es una situación que, siendo relevante para el organismo, se percibe como amenazante, peligrosa y exigente. Si, al enfrentarse a tal situación, la persona no encuentra el equilibrio entre los recursos de que dispone su organismo para manejarla y aquellos necesarios para lograr su meta, tiene lugar el fenómeno estrés.
En esa condición, los diferentes tipos de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y conductuales reciben el nombre de reacciones de estrés mientras que la situación que generó el proceso recibe el nombre de situación de estrés o agente estresante o estresor.
Más allá de las posibles definiciones de estrés, Humber (1986) propone tres puntos de vista desde los que se puede considerar el estrés:
El estrés como situación, postulando que todos los estímulos del ambiente pueden actuar sobre el individuo como estímulos estresantes.
El estrés como reacción a corto plazo, consiste en reacciones musculares, alteraciones fisiológicas y psicológicas y sentimientos vividos de manera subjetiva que aparecen como consecuencia de estímulos provocadores de estrés.
Estrés como reacción a largo plazo, que consiste en las alteraciones del rendimiento físico o psicológico de una persona, como consecuencia de que se encuentra desde hace tiempo bajo influencias del estrés (Humber, 1986).
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